Críticas

La Dama y El Vagabundo: Crónicas de un clásico desperdiciado

Esto También Es.-  La Dama y el Vagabundo regresa con uno de los peores remakes de acción en vivo que he visto.

De los relanzamientos realizados por Disney +, creo que este es el más absurdo que incluye el catálogo. Esta es la reinvención de un clásico de 1955 pero políticamente ajustada al 2019, rayos ¿puede ser peor?

Charlie Bean dirige esta aventura que pretende ganar puntos con la audiencia tras su anuncio de perritos rescatados para la grabación, lo que nadie mencionó es como los usaron. El guión de Andrew Bujalski y Kari Granlund, Bean crea su propia versión serenamente anacrónica de los Estados Unidos post-raciales de principios del siglo XX, un disparo en parte en Savannah, Georgia.

La Dama y el Vagabundo (Lady and the Tramp) está ambientado en la década de 1900, y sigue a Jim Dear (Thomas Mann) y Darling (Kiersey Clemons), una joven pareja que recibe como obsequio de Navidad un adorable cachorro cocker spaniel dentro

La pareja de inmediato se conmueve por la cariñosa cachorra que llaman La Dama (Tessa Thompson), y ella se convierte en el centro de su mundo. La Dama vive acompañada a parte de su familia, por sus vecinos perrunos Trusty (Sam Elliot), un sabueso en la misma voz de Elliot y Jock (Ashley Jensen) el terrier. Su vida mimada no se parece en nada a la del solitario y desaliñado llamado Vagabundo (Justin Theroux), que deambula por las calles de Nueva Orleans sin estar unido a ningún otro perro o familia. Huyendo de un obsesivo cazador de perros (Adrián Martínez), Tramp se cruza con la Dama, y aunque al principio, los dos no se llevan bien, ella lo ayuda a escapar de su captor y él le advierte que su feliz vida hogareña puede cambiar ahora que Darling espera un bebé.

Las palabras del Vagabundo se hacen realidad y, el lugar de la Dama en el centro de atención ahora cambia siendo el bebé quien ocupa ese lugar. Cuando sus dueños la dejan al cuidado de la odiosa tía Sarah (Yvette Nicole Brown) y su pareja de gatos (Nate «Rocket» Wonder y Roman GianArthur), La Dama escapa y luego encuentra y se enamora del Vagabundo, guiándola por un camino que cuestiona su idea de hogar.

El director Charlie Bean llega a la película con experiencia en animación, funciona de forma aceptable para suavizar las transiciones más duras entre los perros vivos, sus bocas animadas y expresiones humanas. Por supuesto, las escenas más difíciles o más peligrosas para los perritos en fuga están cubiertas por la magia de las computadoras. Afortunadamente, las estrellas peludas de la vida real de la película tienen suficiente encanto y atractivo para cualquier amante de los perros. En comparación, los actores humanos parecían más rígidos y antinaturales que sus coprotagonistas alterados digitalmente. Al igual que sus contrapartes animadas, Jim Dear y Darling son desafortunadamente padres de perros unidimensionales, pero bien intencionados.

Los perros callejeros Peg (Janelle Monáe), un pequinés, y el toro (Benedict Wong), un bulldog, están presentes. En lugar del ambiente del medio oeste de estilo «Encuéntrame en St. Louis» de antes, ahora la historia se desarrolla en una Nueva Orleans de jazz de principios de siglo, un lugar lleno de diversidad. Quizás el cambio más notable es la bienvenida escisión de los gatos siameses y su infame canción, reemplazada en su lugar por otro par de gatitos de capa suave.

Aunque es un retrato idealizado de Nueva Orleans y la tolerancia racial a principios del siglo XX, esta es una película sobre perros que hablan, después de todo. Y en lo que respecta a las fantasías de sentirse bien, no es tan malo. No obstante, seamos honestos ¡de que tolerancia racial están hablando a mediados del siglo XX si ahora mismo se sigue discutiendo ese tema? ¿Por qué el empeño en tapar el sol con un dedo? Cada que veo una cinta recreada 50 años, 100 años atrás y me hablan de tolerancia racial me parece un lavado de cerebro. Señores, no necesitamos que borren la historia, sino que tomemos esa experiencia pasada y se construya un presente y futuro mejor.

Aquel que no conoce su historia está condenado a repetirla”, es una frase atribuida a Napoleón Bonaparte y que tiempo más tarde se repitió con una evaluación del pasado por el filósofo español Jorge Agustín Nicolás Ruiz. En mi opinión personal, nada más cierto y vigente. Habiendo material de sobra para preparar buenas producciones, parece que la originalidad y creatividad se esfuma en Disney.

Sé que mi blog no es el New York Times, solo espero que más temprano que tarde alguien les comente a esos escritores, sobretodo en el gigantesco imperio de Disney y dejen de tratar de borrar la historia, solo avancen.

Lo Mejor: El talento de voces que acompañan a los perritos, todos muy bien logrados.

Lo Malo: La mezcla pasado-futuro que no es ni lo uno ni lo otro.

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