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La Chica que Amaba los Caballos: un psicodrama que nos deja en «El Purgatorio»

Netflix presenta el universo de una enferma mental de forma magistral hasta que llegamos al final donde se escuchan grillos con “La Chica que Amaba los Caballos” (Horse Girl).

Esto También Es.- Netflix presenta el universo de una enferma mental de forma magistral hasta que llegamos al final donde se escuchan grillos con “La Chica que Amaba los Caballos” (Horse Girl).

Jeff Baena dirige y escribe junto a Alison Brie este delirio de ciencia ficción que despierta inquietantes preguntas elevando la película casi en todo momento y ya veremos la razón.

Seguimos a Sarah (Alison Brie) una mujer joven y trabajadora que pasa sus días entre el trabajo como vendedora en una modesta tienda, ver las clases de equitación de una niña que practica con su amado caballo Willow; las prácticas semanales de zumba y ver TV con un solo espectáculo entre como opción llamado “El purgatorio”.

La serie es toda una adicción. Agatha (Robin Tunney) y Darren (Mattew Gray Gubler) son los protagonistas que rápidamente se convierten en parte esencial de la vida de Sarah. Ella está creando una cadena de asociaciones increíbles que van moldeando su realidad a través de sus sueños.

Sarah es sonámbula, constantemente asusta a sus roomies Brian (Jake Picking) y Nikki (Debby Ryan). Esta última es también su amiga y, se muestra preocupada por la poca o nula vida social de la protagonista así que decide tomar acción y para el cumpleaños de Sarah improvisa una cena doble. Darren (John Reynolds) es la cita invitada y de inmediato la pareja desarrolla una química especial.

Las cosas empiezan a salir de control, Joan (Molly Shannon), su compañera del trabajo le recomienda visitar un psiquiatra, pero las cosas se complican envolviendo a la audiencia en un bucle de acciones que te mantienen atento en todo momento, corrijo, en casi todo momento.

Por el diseño y la forma que muestra la película, se evoca la presencia de Stephen King, luego vez el final y reaccionas a percatarte de que él jamás se permitiría ese final.

La historia tienes tintes personales. Brie basó parte del guion en su propia familia con historial de esquizofrenia paranoide y depresión. De acuerdo a su testimonio, la cinta explora lo aterrador que es no poder confiar en tu propia mente.

Ciertamente la película funciona 100 minutos de los 103 que dura, irónico ¿cierto? “La Chica que Amaba los Caballos” destila terror y tensión. Es un thriller que juega con la imaginación en todo momento, difícilmente consigues adelantar un paso en la historia y cuando lo haces, debes retroceder para entender un suceso. La sensación de miedo es perenne. Persiste la desconfianza entre los hechos y los sueños debido a la delgada línea que los separa.

Los primeros indicios de duda de Sarah son desconcertantes. Misteriosos rasguños en las paredes, anticipación de hechos, fallas de memoria, la conexión con perfectos desconocidos, entre otras pistas regadas. Estas migajas van construyendo el camino donde el raciocinio cada vez se queda más rezagado siguiendo la desagradable trampa del autoengaño.

Luego de ver todas las cartas y carente de explicación única, la película parece apuntar hacia la posición preocupante de que la locura es el punto final natural más allá de todas las teorías que asoma.

Lo Mejor:  La actuación de Brie es excepcional. Así como vimos en el Joker un enfermo mental creíble, despertamos la misma sensación con Sarah.

Lo Malo: La decepción final del guión. Esos 3 minutos hicieron una diferencia sustancial a lo que podría haber sido una de las mejores películas, al final toda conclusión que resulte será una simple teoría de conspiración tan real como la vida misma de Sarah.

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