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Nadie Sabe que estoy aquí: Un desgarrador paseo por el lado oscuro de la fama

Esto También Es.- El cine está lleno de historias de éxito alcanzado casi por arte de magia, sin embargo, el trabajo detrás del éxito, así como los casos donde el talento es desplazado y las consecuencias de estas acciones cuentan con poca proyección. El director chileno Gaspar Antillo rescata uno de los casos para crear “Nadie Sabe que estoy aquí” (Nobody Knows I’m Here).

En este filme seguimos la vida de Memo (Jorge García), un joven aislado de la sociedad que ahora reside junto a su tío Braulio (Luis Gnecco) en el lago Llanquihue en una remota parte al sur de Chile. Memo pasa su vida cuidando de ovejas junto a su tío mientras que en sus ratos libres irrumpe en casas aledañas para disfrutar aquellas acogedoras estancias. No existe una razón explícita en el dialogo que deje claro las razones de Memo. En el fondo pareciera ser su forma de disfrutar de las bondades que la fama que pudo haber tenido desde niño en aquel fallido concurso infantil que marcó su vida para siempre.

 Memo apenas habla con Braulio, quien lo reprende sobre su comportamiento antisocial. Por la noche, Memo ocasionalmente se viste con los trajes llamativos que hace y actúa para una audiencia de uno. A pesar de todos estos detalles, Memo sigue siendo un enigma durante la mayor parte del tiempo.

En esta cinta reflexiva es más interesante es «lo que no se dice, lo que no se cuenta” de acuerdo al propio director, pero los enigmas son codiciados por los curiosos como Marta (Millaray Lobos), la sobrina de Sergio (Nelson Brodt), a quien la actitud de Memo le resulta tan extraña como fascinante. Ella solo está interesada en descubrir la verdad detrás de aquel chico. En su camino al descubrimiento Memo revela a cuenta gotas su profundo y oscuro secreto.

Ciertos cánones de belleza se han comercializado en la industria del entretenimiento como únicos válidos para el éxito de los artistas. Es por este motivo que cientos de valiosos artistas son desplazados continuamente por su aspecto físico. Josefina Hernández y Enrique Videla se unieron a Gaspar Antillo para escribir solo diálogos claves que permitan comprender un personaje introvertido que debe lidiar con su trauma del pasado.

Memo en su niñez hizo una audición con un gerente sombrío que amaba su voz, pero no el paquete que la albergaba. «Esto es más que música», le dice el gerente al padre de Memo, Jacinto (Alejandro Goic). «Se trata de las primeras fantasías sexuales de las niñas». Es así como se descubre que un chico más «convencionalmente guapo» haga su carrera a base de “Lip Sync” donde Memo aporte su increíble talento vocal con música de Carlos Cabezas.

«Nadie sabe que estoy aquí» revela una de las caras del entretenimiento que pocos cuentan es el precio de la fama, una declaración sobre en contra de las atrocidades y maquinaciones terribles e hirientes que van detrás de la vida perfecta de algunas celebridades.

En esta cinta cada detalle tiene un significado, desde las imágenes oscuras representando el pozo en el cual ha caído Memo, la casa de Braulio como un personaje propio y desordenado, el vestuario que utiliza en ocasiones el protagonista y, hasta los malestares físicos, son desgarradoras muestras del mensaje que trae la cinta. El director en contadas ocasiones el director desenmascara, dejando así mucho material a interpretación del espectador. Al final la fusión de fantasía y realidad pudieran exasperar la paciencia de algunos. Por otra parte, si está dispuesto a reflexionar y disfrutar del maravilloso paisaje chileno, Jorge García le guiará para que no estén “Perdidos”.

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